28 de febrero de 2012

Creo.

¿La genialidad de creer en algo que ya está medianamente resuelto
o la falta de compromiso en una sola palabra?

Creo que voy a llorar,
decía mientras escuchaba Mara.
Creo que llueve un poco;
y copiosas perlas chocaban en el patio.
Creo que me va a doler la cabeza,
decía su abuelita.
El creo es todo,
dijo ella.


http://www.youtube.com/watch?v=tnlIuQGqPRE

25 de febrero de 2012

Prana y Metáfora. (I)

Parece que las cosas perdieron su verdadero nombre: al surrealista se le dice limado. A la mujer que le gusta las relaciones sexuales se le dice gauchita. Gauchita es una mujer con trenzas. (¿?)

Ella se iba a poner una careta en la nuca y se iba a dar vuelta: no quería más pasar las horas frente a una pantalla de luz. Es más, vaticinó que dejaría su lugar; le pondría ropa a las almohadas y se iría con su amiga a Retiro para vender surrealismo.

Un hombre guapo lo editaría.
-Chicas: Tiene pilas, pero es muy.....mmmm.
-¿surrealista?
- Limado.
- No importa. Photoshopeame, sobreescribime, reseteame la vida, instalame nuevos programas, shoutiame toda, poneme imagen y sonidos. Es más: entramos en todos lados, como las netbooks.

Me quemé: otra vez la alta tensión.
Attenti, otro verbo degenerado.

14 de diciembre de 2011

Gracias

Gracias a mis caricias, a mis delirios, a mi impaciencia, a mis torpezas, a lo simple, a lo complejo, a las meriendas, a lo pequeño y a lo gigante, a mi sonrisa, a mis colores, a mis pies con tus pies, a mis vuelos y aterrizajes, a mis ropas y a mi desnudez, a lo gracioso y a lo triste, a mis platos favoritos, a mis cuentos, a mis lugares, a mi música (ojalá un día al escucharla me recuerdes), a mis intensiones (las breves y ocultas, las dichas y no dichas), a los lagos, mares y ríos que nos quedaron por conocer, a nuestros bares, a la autopista, a mi casa cerca de tu casa, a mis pinturas: mis óleos de imitación, a mis uñas cortitas, a la bella locura, a lo que guardo y a lo que pierdo, a mis besos (sobretodo a mis besos), a mi despiste, a mi despertador, a la rúcula conmigo, a mis fotos, a nuestros días, a nuestras noches, a mí y a mi alrededor, al ejercicio de la memoria, a la revolución y al amor.
Sobretodo al amor, que me mantiene de pie. Gracias.

Renunciar.

Renunciaste a mis caricias, a mis delirios, a mi impaciencia, a mis torpezas, a lo simple, a lo complejo, a las meriendas, a lo pequeño y a lo gigante, a mi sonrisa, a mis colores, a mis pies con tus pies, a mis vuelos y aterrizajes, a mis ropas y a mi desnudez, a lo gracioso y a lo triste, a mis platos favoritos, a mis cuentos, a mis lugares, a mi música (ojalá un día al escucharla me recuerdes), a mis intensiones (las breves y ocultas, las dichas y no dichas), a los lagos, mares y ríos que nos quedaron por conocer, a nuestros bares, a la autopista, a mi casa cerca de tu casa, a mis pinturas: mis óleos de imitación, a mis uñas cortitas, a la bella locura, a lo que guardo y a lo que pierdo, a mis besos (sobretodo a mis besos), a mi despiste, a mi despertador, a la rúcula conmigo, a mis fotos, a nuestros días, a nuestras noches, a mí y a mi alrededor, al ejercicio de la memoria, a la revolución y al amor.

12 de diciembre de 2011

El número.

Borrar, borrar, borrar.
Cortarles el aire a los números; darles un golpe en la nuca.
Y se tumban y quedan aplastados, debajo de su propio peso o su propio pesar.
Borrar, borrar, borrar.
Haberle dado vida a cada uno de ellos y darles súbita muerte.
El cinco se cae sobre su propia pancita, rueda unos grados y cae al piso desmayado.
Al caer; el uno inserta un puñal a la panza del ocho y mueren; ambos.
Borrar, borrar, borrar.
Ya no sentir su respiración.
Intento; y ya no recuerdo el número.
Borrar de amor, de olvido.
Recordar de amor; olvidar de olvido.
¿En qué batalla ha muerto?
Borrar el número:
Recordar su amor.

ceci

9 de diciembre de 2011

Correo sin asunto.

Hoy pasé la tarde en la casa de una amiga. Recibí tu mensaje de texto: confieso que, en broma o en serio, es la primera vez que alguien me pregunta por ese medio si soy feliz.

¿Sabés que sí? Si, lo soy. Aunque hay una constante de preguntas y cuestionamientos en mí, aunque a veces no duermo tranquila, aunque peleo con la ceci que fui, la que soy y la que quiere ser. ¿Cómo puedo decir que no lo soy si tengo el constante deseo de reescribir mi historia?

En mi adolescencia no fui tan feliz. Cumplía muchas reglas ridículas, por decirlo de alguna forma. Entonces volaba con mi mente, mucho. Desde chica fui como el personaje de la canción “pájaros en la cabeza” de Ismael serrano. Mi mamá me decía: “sacate la mano de la cara y comé.”

¿con qué volabas de chico?

Yo tocaba el piano; y amaba leer las biografías de los músicos. Mucha historia en Viena y Salzburgo. A los quince años fui a la embajada de Austria a pedir información. Una loca terrible.

En abril de este año conocí Salzburgo. Un viaje que cayó del cielo, no lo esperaba.
¿O sí?

Allá reacordé algo que había bloqueado durante muchas años: A los quince recortaba revistas con fotos de lugares que quería conocer; la mayoría eran fotos de Viena y Salzburgo.

Mientras estaba entrando al viejo continente, sentí el cuerpo extraño, la mente ida; como si estuviese fumada. Pero no. (eesas cosas no se pueden en los aeropuertos!)

Esta vez no tengo pasaje caído del cielo, pero entendí que querer es poder y soñé Croacia.

De donde vive mi amiga en Italia, te tomas un barquito tipo buquebus y te cruzas un tramito de Adriático.

Budes, era el apellido de mamá. Dicen que hay muchos Budes en Croacia.

El universo tiene pequeños imanes; y encontré el polo que me llevan hasta allí.

Paris me lo dejo para el postre, para algún día.

La ceci que no le conté a muchos, es la que espero ver volar.

http://www.youtube.com/watch?v=u7K4yHo5Blo
ceci

16 de noviembre de 2011

Allí.


Un diccionario de lunfardo. Un álbum de fotos del último febrero. Aquel año en el que Fernando (tanta firmeza despliega su nombre) me invitó a leer un texto de Hernán Casciari. Un buque, un sol que se esconde al revés. Un morral y mi cámara de fotos. La luz que brota de entre las nubes, cada momento de mi río.
¿te dije que hay una ciudad del otro lado del río que me duele?. A veces, me duele Montevideo.
En un futuro no muy lejano sentiré el ruido al click de una valija en la que guardaré mis pocas cosas, que no son más que cosas a las que aprendí, por ratos, a desprender.
Espero que me esperes con cada latido que brota del suelo, de esta ciudad que estalla de nostalgia, de aquello que siempre quise; y jamás he vivido.
Un día más; espérame en cada ola que estalla sobre tus costas, en cada repique, en cada tambor, en cada lágrima.
Espérame. Pronto, Montevideo; allí estaré.


ceci.

ref:
http://www.youtube.com/watch?v=CD9BwiTwqDw
http://orsai.bitacoras.com/2005/10/justicia_potica.php

13 de noviembre de 2011

Tus nombres.

Siempre me gustaron tus nombres; porque fueron consistentes y de rotunda verdad.
Recuerdo el aire que respiré, un vaho primaveral después de la lluvia que hipnotizó mis sentidos. Siempre recuerdo tus manos y tus labios.
Desde que te conocí, recordé que el mundo gira y las perspectivas que voy dejando, voy haciéndome nómade en cada esquina de este cántaro que algunos llamamos vida.
Aprendí a encontrarte en canciones; o me enseñaste a que podrás ser eterno.
Siempre me gustaron tus nombres porque cada nombre ha sido una parte mi alma y lo sigue siendo.
Te llamaste como un poeta, como un soñador, como alguien que dejó vestigios de amor en cada una de las esquinas en las que nos conocimos.

12 de noviembre de 2011

¿Qué estás haciendo?

Me estoy reinventando.

Si fuese cirujana, me olvidaría el bisturí adentro.
Si fuese playera de estación de servicio me olvidaría de ponerle la tapa al tanque.
Si fuese contadora, me haría una ensalada con el debe y el haber.
Si fuese quiosquera les metería caramelos de más.
Si fuese policía, no encontraría el arma; andá a saber donde me lo habría olvidado.
Si fuese ladrón, hubiese confesado antes de hacerlo.
Si fuese poeta, me olvidaría el alma en cada uno de mis versos.

¿Qué estás haciendo? Estoy dejando algo atrás: me estoy reinventando.


ceci

12 de octubre de 2011

Calle de la Alegría.

Tenía pies pequeños, pero los más variados colores de zapatillas. Zuela lisa y cordones altos. Morrales con prendedores que me recuerdan sabores y colores de antaño. A los doce, mamá la encontró recortando el librito de Mafalda; revistas, retacitos y pedacitos de revistas recortadas saludaban al entrar a su cuarto: ella quería un collage en su escritorio. Decoró los cajones y hasta abajo, bien abajito donde no se ven ni los pies. La caída de las cosas las sostiene el piso, o el tiempo.

La caída de los sueños, sólo sus ganas de seguir.

Persiguiendo sus sueños, seguía decorando, empapelando de grafittis y alegría cada rincón que podía.

Un día la encontré tarareando canciones de Silvio y me acerqué. Ella rió.

Vino a visitarme mil y una vez; trajo vino y Virginia de diez. No hubo piso ni tiempo. Sólo las ganas.

Ayer fui a verla. Casi me pierdo; pero una calle iluminada, una esquina de cintas flúo al viento, unas clavas que rodeaban más allá de mi imaginación me guiaron y se burlaron del tiempo. Y de la gravedad. En la calle de la alegría estaba su casa. No había ni piso, ni tiempo. Sólo sus sueños.

Ceci

10 de octubre de 2011

esas veces...

Esta es una de esas veces que entiendo claramente el sentido de la vida.

http://www.youtube.com/watch?v=Z1i8Zy_X_5c&feature=related


Salú!

25 de junio de 2011

Un postre de frutillas...

Es muy raro esto de que la tristeza resulte un motor inspirador para escribir sobre fútbol. Yo me hago la futbolera, pero no lo he sido ni lo soy. Pero como buena habitante de un pueblo futbolero; como hermana escuchadora pasiva de AM los domingos por la tarde (aclarando que pasiva se debe a la llegada de las ondas sonoras venidas de una fuente no encendida por mí, sino por mi hermano mayor que se volvía loco por river en nuestra adolescencia).

Pero bueno, hoy voy a hablar de fútbol. Qué raro el día de hoy pensar en el futbol, en las costumbres, en el folkore, en el entretenimiento, en los hinchas, en los jugadores, en las instituciones, en las crisis, en las pasiones, o en las miserias, en la nostalgia, o en la pelota, en el arco o en el offside. Ah, ahora que dije offside y volviendo al tema de que me hago la futbolera, recuerdo que hace un tiempo, en una reunión de trabajo con un proveedor, le tuve que explicar en una pizarra (con cancha y tipitos) todo acerca lo que sabía del offside para que me creyeran que soy una chica especial (seguimos el lema homerístico: “trabajamos y nos divertimos”). Bueno, espero que no se les ocurra abandonar las lecturas de mi blog porque les conté esto.

Hoy se me ha descajetado el corazón. Hoy no me preocupó ni el calentamiento global, ni la violencia de género, ni el capitalismo, ni ninguna de mis frecuentes ocupaciones de mi pensamiento. Hoy me preocupó el fútbol. Más precisamente River Plate. Sí señores, sí señoras.

Acá estamos; con un ojo entreabierto mientras dormimos; haciéndole de guardián a la suerte, no sea cosa que salga en su casita movediza, y no la hayamos visto y así fracasar nuestra idea y ansias de interceptarla. Qué raras son las cosas: yo sigo haciendo listas. Podría hacerte las listas de las cosas más increíbles que viví y ahora estoy anotando esta última; la que me ha descuajeringado el corazón.

Porque los recuerdos, ¿vio?

El fútbol y lo que despierta el fútbol, lo que grita, lo que relata, lo que corre, lo que vaticina, lo que llora, grita y maldice, lo que canta, alienta y llora de emoción, aplaude, ataja, golea, pide la hora, manosea, empuja, pita, y manda al corner un campeón, un dios, un crack, barrilete cósmico, un nueve, un líbero, un diez o un muerto, un pecho frío, un amargo, un botón, un de la B; un hincha, un boludo, un barra, uno de mi mismo equipo, uno del equipo contrario.

Hoy no tiembla la tribuna, tiemblan las piernas. Muero en el recuerdo del river campeón sin parar de hace quince años. Recuerdo a Victor Hugo, a Atilio Costa Febre. Recuerdo un día de la madre, en el año en que yo cumplí mis diecisiete, el debut de Saviola; el gol de Saviola soltado por los parlantes de un equipo de audio viejo; creo que lo tengo tan presente porque el pibito tenía casi mi edad.

Y bueno, ¿qué importan mis sentimientos por River no? Lo insólito es que esto es tan histórico como triste y sin sentido, porque pensá una cosa: no tiene sentido. Porque excedió el límite de la gracia pasional futbolera. Me explico, separemos los tantos: una cosa es la verdad objetiva del juego; se gana o se pierde y ya. Pero por otro lado el análisis de la verdad subjetiva, la pasional; la que alimenta el hambre del fútbol y lo define por más allá de las fronteras de la primera acepción de la palabra. No tiene gracia, porque gran parte ganancia de alegrías riverplatenses se la lleva el chiste de encender la pasión de los superclásicos, los campeonatos (que no me alcanzan ni con los dedos de los pies) ¿Y ahora? ¿vamos a entender al futbol de otra manera?

No te vayas a la B. Hacé pantalla mental y pensá en algo lindo, dormite, dormite bien, pensando en goles. Y soñando ser campeón.

Ceci

Junio 25/06/2011.

El paraguas,.

Que la vida tiene sorpresas, puf, lo sabemos. ¿qué te puedo contar?

Que esta semana hizo frío y llovió a cántaros en dos costosas cuotas. Que con las veces que saqué el paraguas en estos días ya habré amortizado este y los quice paraguas que habré perdido desde que tengo uso de razón. En la frase “todo vuelve”; no che, a mi no me volvió ninguno.

El frío, de regreso a casa, me acompañó a lo largo y ancho de mi cuerpo. Pero una hermosa ducha, (agradezco tanto tanto tener una ducha con presión y caliente), me esperaba. Me fui a dormir, luego de bañarme y pensé en el paraguas.

Siempre lo usé y lo dejé en casa en un rincón. Nunca le pregunté si tenía frío (claro que sí). Si siempre lo expuse a la sombra de la bienvenida lluvia fría, punzante, hiriente, copiosa e insistente; al viento descarado. Y siempre resguardó el lugar elegido por mí; debajo de mi corona. No es justo que no le haya agradecido, no le haya servido un té; una toalla o una bolsita de agua caliente al llegar a casa. Encima, lo dejo en un rincón. Qué ingratitud.

En que hoy me desperté, el frío continuaba pero ya no llovía. Revolví los párpados de mis ojos con mis puños y las yemas de mis dedos, bien bien; porque, al entrar al baño, me encontré la bañera llena de agua saliéndole vapor, del agua tan calientita y mi paraguas contento; casi abierto, silbando una canción y dándose un buen descanso en un rico baño de inmersión.

ceci.

16 de junio de 2011

Buena.

Ahí está.

Sentado, en penitencia, desabrido, evasor, secándose a la sombra y un poco despeinado.

Trato de no mirarlo, de dejar que pasen las horas para que se seque, para que tome gusto raro, que tome inconciencia o la poca luz que lo alumbra, que se preste a las pequeñas moscas, al olor rancio del agua estancada o la sequía del no va más, al olor a descuento, a mortandad.

Trato de seguir la pureza, al intento de lo impecable de las demás cosas; salvo allí en ese rincón: donde sigue sentado hora tras hora cayéndose las hojas, desprendiendo sus células, gritándole al sol con el grito intolerable de la antena rota en la terraza, despidiéndose larga y lentamente tendido de un no se qué, de un no sé cuando.

Se quedará allí hasta que la indiferencia, muerta de risa, decida dar un paso hacia otros lugares, hacia otros cielos, u otros desolados amores, hacia otras células que gritan por desprender. Se quedará allí; ni el plumero pasaré, ni un poco de poett, ni la mirada del lamento.

Por cada disparo de nieve contaré hasta diez, por cada segundo de mi retórica pimponeando sobre sus paredes, por cada escupitajo caído sobre mis alas, por cada buena mujer.

No digas que soy una buena mujer, porque no lo soy. Buena es recaer en lo binario de los adjetivos, es perder el fuego de la verdad. Buenas son las heladeras o las primeras marcas; yo soy intensidad. Dí que soy intensa, impulsiva, torpe, loca, arrebatada o incorrecta.

Buena no digas, no lo soy. Ni dentro de tantos años, ni tampoco ahora; mientras sigue sentado, en penitencia, desabrido, evasor, secándose a la sombra su hermoso e insolente nombre.

ceci

12 de junio de 2011

criatura fucsia

Ayer estuvo, por la tarde, sentada en un banco de una plaza.
Una criatura fucsia, de patas cortitas, con un caminar medio torpecito se acercó y se sentó a su lado. Ella no movió ni un gramo de su cuerpo y su mirada se centró a cualquier punto lejano que la pudiese distraer de tal emoción. La criatura, con voz finita y robotizada le preguntó dulcemente si en aquella plaza vendían helados.
Luego, no sé bien que pasó ni se me ocurre tampoco; yo solo estaba practicando escribir algo de ficción.


ceci

11 de junio de 2011

El derrumbe de las horas.

Esperar el bus se convierte en una tarea intensa. Nada ya es redondo. Se esfuerza por llorar y no se puede. Se esfuerza, pero el tiempo, el pasar de las horas se reconoce, inevitablemente, de otra forma. Las ganas de contar cosas pequeñas, esas que redondeaban las inmensos instantes, embellecían los días, hoy rebotan contra un frontón de no se cuantos metros por encima de su cabeza. La puerta grita cuando se abre. El dolor no importa, si esto más nos duele. Se da cuenta que se miente tanto (tanto) a diario. Pero, momento así, ayudamos a dar un poco de romanticismo para entender esta mancha de humedad, esta canilla mal cerrada, este calefón que se apaga en plena ducha.

Resulta que había ruidos en la casa pero nunca lo había notado. Resulta, que la tarde era generosa con sus horas, con el brillo de su sol que no parecía un sol.

Miraba rato a rato los relojes. El microondas lo había desenchufado para cargar las baterías de la cámara pero luego olvidó reprogramar su hora. El reloj de pared, perdió su rumbo hace varios días, quién sabrá la razón (negando reponer las pilas alcalinas).

Las horas te siguen, se viene la noche y olvidaste tu abrigo.

Suena un piano, dueño de mi nostalgia. Suena una brisa y una voz, desde afuera.

- Amor, ¿dónde estabas?
- Esperando que abras la puerta.

ceci

Dire (o diré)

Diré.(Dire)

Pensar
otro mundo posible,
desde las palabras:
las que existen y las que no;
desde las buenas y
desde las malas palabras.

Compartir
de lo tuyo y de lo mío,
aprendiendo,
de los hijos, de los niños,
de aquel niño interior.

Sentir
tu amor;
ese que enseña aprendiendo;
que presta un libro,
- marcado, usado, releído -
que ríe y sonríe
que llora
diciendo,
escribiendo.

Aprender
que puta es una mujer;
y que miedo,
olvido y obediencia
sí son malas palabras.

Vivir
en cada pequeña locura,
pequeño gesto
y a nuestro alcance.

Dar,
porque dar es recibir;
regalar es una bendición.
Dar,
dando el corazón,
no una moneda.
Porque las monedas,
- es fácil dirás -
las monedas caen;
lo otro no.


Escribir.
Porque escribir es tener algo que decir.
Y tener algo que decir,
no lo dudes,
Sigue siendo tu pequeña gran revolución.

ceci

3 de junio de 2011

Vuelve.

De pronto llegó un día en que sus gestos no volvían de su expresión; le quedaba el rostro marcado con surcos de sorpresa, admiración, preocupación, miedos, de tanta verdad. Se le hizo como un laberinto de expresiones. Se le hicieron líneas interminables, ramificaciones cual Amazonas. Me hago una tormenta de ideas mental con un listado de sentimientos y se me hace infinito. Imagínalos, reflejados en un ramillete de surcos plasmados en su rostro. Algo así, tan pequeño como un rostro, abarcaba tanto como un saco de sentimientos; como lo que somos; nuestro cuerpo.

No es más que eso. Y así, los surcos se comunican con la espalda; quien lanza puños que comprimen y comprimen. Pero no voy a explayar tanto sobre el asunto porque yo ya te había contado sobre hay unos muñequitos que le hacen unos nuditos a los cordones de la espalda, quienes hacen muy bien su trabajo de alertadores, como quien baja la barrera cuando viene el tren, como quien trabaja para el servicio meteorológico; y ni te voy a contar que cuando llega la esperada calma, los muñequitos se acuerdan; sí, se acuerdan y vienen dichosos a desatar lo atado mientras duermo (por fortuna no me los cruzo, como para no quemar tal augurio).

Vuelve piel, corazón y vuelo de niño. Vuelve, vuelve vida encima, vértigo de lo lejano, mirada al cielo, asombro de contemplación de la noche, de las estrellas, de los aviones; allí chiquitos, lejanos; vuelve grito de alegría (gritar es lindo, es juego, es augurio, es fantasía).

Vuelve niño perdido, aun no es de noche, pero ya estamos por merendar, con las tostadas a punto, la manteca enrollándose sobre el acero inoxidable, vuelve que hay té con leche; dulce y risas sin dolor.


Ceci
Calientito, recién salido del horno

28 de mayo de 2011

barco azul.

Duermes, mientras yo hago que duermo. Mientras, la vida es un escándalo, a veces de hojas frías; otras, tímido y hermoso, ¿Acaso no son un escándalo tus ojos?. Barcos, baldes, ríos, azules. ¿cómo que no?. Por un puñado de libertad, viajo de Viena a Praga en un barco azul por el Danubio azul.

Pero, ¿Cuál es el hambre que rompe el hielo de tu corazón?

Mientras, yo hago que duermo. Atenta, hago que escribo, hago que vuelo.

Sabes, no hace falta tanto viaje si el destino está aquí dentro, flotando en burbujas de aire, esperando el estallido de la revolución de las almas.

Quiero ser un viaje, ese camino innato, esa hierba que, sin saber, trajo un fresco aroma para estos tiempos, donde el aire sabe a turquesas; porque la vida es eso, un escándalo. ¿O acaso no son un escándalo tus ojos?.

ceci.
mayo 2011.

15 de mayo de 2011

Amor.

Amor inédito,
verdadero, de esos que te llevas,
de esos que acaricias la locura.

Amor cobarde,
lo fui alguna vez.

Amor de las seis en punto,
bendito sincronismo a primera vista.

Amor valiente,
que me empuja hasta el mar
y puedo ver en cada paso
augurios de nuevo horizonte.

¿Amor?
Duermes, lo sé.
Escucho cada latido a destiempo,
cada palabra que se pierde
en el éter de las horas que pasan
por despertar.

Amor despierta,
el tiempo es el orgasmo de nuestros dioses.
Mi equipaje ya está listo.
Y dejaré mi moneda en cada fuente,
seamos más libres.

Amor lejano,
Tomaste entre tus manos ese cántaro.
Sin embargo,
a partir de hoy (Qué torpeza!)
seremos dos almas más
ciertas o inciertas,
rotas y a destiempo.


Ceci.

Mayo 2011

14 de mayo de 2011

Venezia y Salzburg.









Que llueve en una tarde.

Que llueve en una tarde de mayo y cesa tipo cinco.
Y la claridad y los pájaros, la parra y la vereda, el cigarro, la música, la presencia mía en mi vida misma también lo puede.
El viaje, el regreso, las canciones, los días y lugares.
Han pasado más de veinte años, sin embargo allí estás y volví a recordarte.
Cuéntame, ¿Qué has hecho todo este tiempo?
Tal vez recobrando lo recobrado, como un soneto, viva como una verdad.
Volví a recordarte. Estos años he estado un poco muerta(ya no me culpes), con una muerte leve, en suaves cuotas diría yo.
Volví a recordarte, como un deja vu que decidió permanecer desde ahora mismo, cuando empiezo a despertar.
Y vos, ¿dónde estabas? Tan lejos fui a buscarte.
Y también viniste.
Mujer no ceses, no llores.
Volví a recordarte, pura y soñadora.
Ahora estás porque te recuerdo, ¿confiarías nuevamente en mí?
No me olvides, no nos soltemos la mano otra vez, ahora no.
Veinti tantos años, tal vez, fue mucho.
Que llueve en una tarde de mayo y cesa tipo cinco.
Ahora estás, de cerquita te recuerdo.
Porque estás.


ceci

9 de abril de 2011

Vuelos (Voos)

Que alcanzo un vuelo. Que cruzo el océano y los mares. Que voy y nadie me sigue. Que siento aromas, recuerdos y colores; esto alguna vez lo viví. Se hunden nuestros corazones en Venecia, que me espera. Esto lo viví; esto lo soñé.
Que alcanzo el vuelo: mis pies lejos del suelo firme me hacen llorar de felicidad.
Viví en Salzburgo alguna vez, seguro lo recuerdas.
Que alcanzo un vuelo siguiendo mis sueños. Lo alcanzo y qué fortuna; hoy ya nadie, nadie me sigue.


ceci

27 de marzo de 2011

Talento argentino.

Ceci:
-Yo también puedo ganar un Realty..
Laotrapersona:
-Claro…
Ceci:
-Yo también tengo una historia conmovedora para contar y ganar: “- De chiquita iba a las clases de piano y llevaba las partituras en una bolsita. Hasta que un día en la esquina antes de llegar a la clase, me tropecé con el verdín del cruce de calles y la bolsita se me rompió.”
Laotrapersona:
-Conmovedor, podés ganar. (Me imagino vos toda flacuchita tirada en el piso, las partituras desparramadas y tu bolsita rota)
Ceci:
Mi historia de vida es conmovedora.
Ceci/ Laotrapersona:
(Risas)

15 de marzo de 2011

De no.

De no tenderla sobre la soga y prenderla tímidamente con los broches de plástico que junté aquella vez, bajo los leves rayos de despedida del sol, en aquel atardecer.

De no atraparla en el viento que sacude mis brazos en el mar, ni con mis pies, ni con mi rostro. De no tenerla en la rutina, en el puño mientras la playa se me escapa como el polvo de aquel recuerdo, en el azul del cielo.

De no estar ni en el creo, ni en el pienso, ni en el talvez, ni de vez en cuando o a lo mejor.

De no embeberse en las sombras de tus sombras arrimadas a mis sombras, ni en un callejón despintado hasta el alma. De no estar en los turquesas de los dioses.

Ni apenas en los sueños ni en las voces de las guitarras, ni en los versos.

Ni en las agendas, ni en la batallas, ni en lo héroes, ni en los fracasos.

De no estar en esta abundancia de silencios, de cicatrices, de cafés entibiándose, de copas y te quieros, que no tiene un ínfimo lugar, si donde busco no la encuentro: cuando las pupilas recobran un sentido; la verdad sigue estando en tus ojos.


Ceci
.
15/03/2011

17 de enero de 2011

Estoy hablando (I)

Me sirvió una cerveza con mucha crema que la protegía. Rico y redondo el sorbo que saboreo: cierro mis labios pasando dos vueltas (ida y vuelta) de las llaves de ellos, tan rojos.

Pensó repentinamente en que estos últimos cincuenta minutos se hicieron un elástico andante del tiempo e hicieron del mismo la posibilidad de recorrer, con la eficacia de un trueno, el compromiso de permanecer cada uno de nuestros deseos en la realidad.

La ropa; que, tirada en el piso, hizo que paralizáramos nuestras ganas de fumar un rato, sólo un rato. El piso; cuyas migas dispersas eran tan visibles como amigas íntimas de la gravedad. Los vasos; sus contenidos de antaño se solidificaron con franqueza, con atención, con empeño. Bien, hasta la posibilidad, benditos cincuenta minutos, retazo de aquello que en ocasiones llamamos tiempo, servida para esperar a ascensor más viejo, siendo que nos vimos derrocados ante la suerte de moneda que delata el hecho que ante dos ascensores en el pasillo viniera primero aquel.

Cruzamos la esquina; casi casi la esquina, mejor dicho, hasta llegar hasta lo de la china y su supermercado chino.

Compramos las bebidas y la cajera oriental sonrió (cuando él le tarareó la canción del verano mientras pagaba) con casi una carcajada dándole un final feliz a su cara de piedra, de catarata cuando esconde su gélida humedad.

ceci
01.2011)

24 de noviembre de 2010

Botones.


By Ceci.


Esta vez no desperté así de golpe. Ya había despertado hace varias horas. Tuve un pensamiento repentino: los botones. Mamá tenía la costumbre de donar ropa sin los botones. Ella silenciosamente, con su tijera larga de filo, descosía, en dos pasos, cada botón de las camisas, los pantalones y los etcéteras; con un leve empujoncito caían débiles deslizándose como tobogán por la tela hasta llegar al cofre de lata. Así, fueron años de cultivo y cosecha de botones.

Junto a los libros y al amor, los botones son lo más reciclable que encontré hasta ahora. Bah, lo del amor casi lo dudo, pero no.

Qué ganas de reinventar, me dije. Fui al cofre, los miré un largo rato; hasta quise entenderlos, los seguí mirando y hasta me dio la sensación de no haberlos visto nunca, como haber encontrado una nueva forma en la vida: “así eran los botones che, nunca me había dado cuenta”. Revolví el ropero, desmayé todas las prendas sobre la cama y arranqué todos los botones que tuve a la vista; pero no con la delicadeza de mamá. Listo, ya junté un poco más; pensé.

Fui a lo del abuelo a visitarlo esa misma tarde. En un momento se distrajo y asalté su ropero arrancando cada uno de los botones de sus sacos y pantalones. No eran colores vivos, pero eran botones y servían. Así tomé por asalto cuanto ropero encontrara; bah, inducía a encontrar, mejor dicho.

El otro día que dormías, sigilosamente, te descosí un botón.

Qué ganas de reinventar estas ganas. No me mires así.

No quiero verte en el mismo lugar, quiero verte allí, o en otro lugar, que me pilles mientras bailo con mis collares de botones; que en cada parpadeo nos reinventemos como las lecturas, como los amores.


ceci
noviembre 2010.

19 de noviembre de 2010

Lectores (I)




"Descubrir La Metáfora no se Mancha me ayudó a encontrar el equilibrio, logré la estabilidad en lo cotidiano "
(Gonzalo P. M.)

18 de noviembre de 2010

Prólogo de Contratapa del libro "La Metáfora no se Mancha" (Cecilia Díaz). - Por Ana Jeger.

“Leyendo cada uno de estos textos me convenzo de que éste también es mi lugar. Y no cuesta, es sencillo verlo: es como entrar a una casa cuyos olores, imágenes y gustos nos vuelven al hogar, al propio nido (con la falta que tan a menudo eso hace).
Adentro, se los aseguro, hay airecitos de tango y candombe, coros de murga y comida casera de domingo al mediodía. Hay perfume de madre y frases justas, mate calentito y versos enamorados. Sencillez bordada en las solapas, florcitas de un día que, de tan tímidas, lucen más.
Está todo lleno de ruido, del alboroto de las palabras cuando se enredan, cuando se entrechocan y van contando lo que falta por sentir, por hacer, por retener.
La letra va buscando estar a la altura de lo sentido, eso de encontrarse y no saber la palabra, eso de jugar con metáforas y versos para que se sepa que no es un juego.
La metáfora no se mancha, es ella la que salpica con sus colores alguna parte escondida del corazón.”

Ana Jeger
Bourg en Bresse, Francia.
Diciembre de 2009.

Prólogo del libro "La Metáfora no se Mancha." (Cecilia Diaz) - Por Lucas Sanchez Sierra.

Prólogo

Todos los momentos vividos traídos al presente por el azar o el capricho de la memoria. Todos los colores que pueden convertir una vivencia en un texto y cristalizarse otra vez en la vida misma. El arte convierte lo real en hermoso y lo hermoso parece más real.

Tal don se encuentra detrás de los versos de Cecilia. Sus palabras simples, bellas, redondas, despojadas, pueden conectar al lector con lo divino escondido detrás de lo cotidiano o escaparse hasta profundos recuerdos. Y es que no hay forma de resistirse ante estos versos, sólo hay que navegarlos hasta encontrar jardines interiores que otrora yacían ignotos.

El poder de una metáfora logra que lo terrible se torne bello y lo injusto se pueda comprender. Se traslucen trazos de una sabiduría sentida, nacida tal vez luego de pérdidas que al mismo tiempo que duelen, enseñan, fortalecen y embellecen.

Se encuentra en estos textos la capacidad de tomar sencillez y belleza y rociarlas sobre el pasado, permitiendo sanar y comprender esos senderos borrascosos. El resultado se respira en la lectura, penetra como un aroma de bienestar y, como una caricia, conmueve con poco esfuerzo.


Lucas Sanchez Sierra
Buenos Aires, Argentina.
Diciembre 2009.

10 de noviembre de 2010

la lluvia y el río.

Contá todas las veces que me he puesto cursi y, ni lo dudes, hacemos un collar de varias vueltas.

Contá, te cuento.

Cósmico como anteayer. Me subí al ómnibus, me senté de prisa, mientras el muchacho de al lado mío se cebaba un mate, comenzó a diluviar. Y yo, como de costumbre, desmayé de sueño.

Cuando desperté, en las coordenadas de siempre, en el instante de siempre, el muchacho preguntó si habíamos llegado a la ciudad de las diagonales. Claro, le respondí. Allí me contó que venía de Montevideo por primera vez por estos lugares.

Toda la cosmicidad se esfumó en sus ojos claros, en mi reloj, en mi memoria selectiva, en la lluvia, en la espera, en un catorce de febrero, en una carta a poste restante.

Un muchacho uruguayo, un ómnibus, unos ojos claros, un día de noviembre y un hasta dentro de un rato.

Hasta el amor. El amor que sostiene mi poesía, el que está vivo dentro mío y ya tiene hombre, ya tiene un retazo de dueño, quien me viene a buscar, lluvia o diluvia y yo bajo un reparo tiemblo impaciente por su llegada. Sonrío sola, desgastada de un día largo, de un día gris.

El ómnibus se fue, y ojalá pudiese resumir este momento en el que te descubro bajo la lluvia, hombre de ojos claros, amor de mi vida, qué alegría llegar a casa; no olvido las llaves, ni olvido ningún acorde, ninguno de mis deseos azules desde antes de conocerte, ni la imagen de la flor que me has enviado de Coroico, ni tampoco tu promesa de ser uruguayos cuando seamos grandes; lo sueño algún día como hoy, de lluvia o de sol, o algún día cualquiera.


ceci

3 de noviembre de 2010

analogía.

yomisma:
Y resulta que blablabla, bla bla bla bla. Blabla, bla. Y entonces bla bla bla, bla bla.
Me parece que eso es una señal.
laotrapersona:
Mmm, una señal no. A eso se le dice manifestación del inconciente.
yomisma:
¿Los de la psicología se ven tan ofendidos con la palabra “señales” como los de ciencias e ingeniería cuando nos dicen, en lugar de círculo, redondel?
laotrapersona:
Tal cual.

18 de octubre de 2010

Ella, la luna o la vida.

Ella se comía las uñas durante el día, impaciente porque no llegaba la noche. Una vez caído el sol, la luna asomaba y, allí mismo nomás, ya le empezaba a resultar aburrida la noche y pero más aún la luna. Porque estando allí, así como estando, o haciéndose que se está, ya no tenía cual luna extrañar.
Sí, claro, como era de esperar, también se comía las uñas esperando el día durante toda la noche. Porque estaba bueno el día y se ponía más bueno aún esperando la noche.
Jodeme, y ¿así se le pasaba la vida?
Pero la luna, qué hermosa que es la luna señores; y, sin embargo, ella no supo ni un poquito contemplar la inmensidad de su luz, que no es nada menos que un puñado de sol, envuelto en la bella redondez de su reflejo.


ceci

6 de octubre de 2010

Notita para Alessandro.

La notita estaba doblada en dos partes y pegada en su cunita que lo esperaba tendida ya hace unos largos y ansiados días. Decía algo así;



Decile a mamá que hice cuentas y que, en un principio, creí llevarle un amanecer de ventaja. Pero luego pensé. Pensé bien. Pensé en que los hemisferios (qué fea palabra, Ale, mejor digamos “los mares”), los mares hicieron un efecto de compensación.

Igual, no importa; sea como sea, si por esas casualidades me sobrara un amanecer, o mismo no me sobrara, más bien me faltara, lo imaginaré igual para vos. Decile a mamá que les regalo uno. Yo misma. Uno mismito sólo alcanza, para verte abrir los ojos y darte la luz de bienvenida a esta flor, este llanto, esta risa o esta tarde luego de la lluvia que algunos llamamos vida.



Ceci

06/10/2010.

16 de septiembre de 2010

Registros del amor

Registros del amor
o memoria poética (*).
Qué hay de la nostalgia sin aquello que no viví.
Qué hay del amor,
Qué hay de la memoria.
Tengo nostalgia de aquellos años
en que padecía nostalgia de lo no vivido.
Y olvidé qué era la pasión.

Registros del amor
o memoria poética.
Qué hay de las fragancias,
Los amaneceres,
Los instantes detrás de los cristales
del tren, de la brisa en la cara
de aquel día de lluvia.
Tengo nostalgia de aquellos años
en que pensaba que esto lo extrañaré.

Registros del amor
o memoria poética.
¿Se puede gritar?
¿Se puede llorar?
Qué hay del amor,
si este poema ya lo viví.

ceci

(*)
Milan Kundera en La insoportable levedad del ser: "Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, enca ...ntado, que ha hecho
hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas"
...
"El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética."

Gracias Eve.
http://unbichocanasto.blogspot.com/2010/08/borrador-parte-i.html

7 de septiembre de 2010

x,y,z,t, s,a,r,a,s,a.

Algunas veces escribo pero no puedo hacer un perfecto puente entre lo que siento y las palabras. Entonces, las palabras se suicidan y con la simple presión de mi dedo en la tecla borrar.

La torpeza me interrumpe y no sé decir.

Quisiera hablar de las dimensiones pero no me sale. Quisiera hablar de la chance que nos da el poder soñar, el revivir las posibilidades que este mundo nos ha quitado, o se han quitado solas. No lo sé. Quisiera hablar de qué es lo cierto. Alguna vez he pensado que somos agnósticos hacia la definición de lo real y lo surrealista o imaginario como verdadero.

Me desperté con el sentir de una esperanza no muerta, por unos segundos. Soñar con un abrazo, que hoy de pie y en este mundo despierta no tengo, me deja pensando. A la vida la entiendo como diversas capas, diversas dimensiones donde me parece absurdo decir que lo real es lo cierto. Cuando estoy despierta veo hacia fuera, hacia el mundo y cuando duermo veo hacia dentro de mí. Entonces, cómo decir que no pasa si pasó dentro de mí.

Cómo definir las dimensiones. Y si me pregunto si el mundo es el adentro de un todo que envuelve mi cuerpo o el mundo es el adentro del afuera que está dentro de mi ser, no estaría mal. Pero no me olvido de tantas otras dimensiones, ¿las tantas que hablaría Einstein? No, no creo que hablemos de lo mismo, o sí.. no lo sé.

Nuestro entorno se trata de nuestras decisiones y de lo que nos pasa, nos sucede.

Estoy pensando ardientemente que somos lo que decidimos y el resto, lo que nos sucede son no otra cosa más que productos fallidos de nuestro ser.

Ahi es donde los planos y dimensiones interactuan esfumándose haciendo una ensalada de dimensiones. Y hay que preguntarse por qué. Al menos a mí me sierve para entender alguna que otra cuestión la vida, que hace poco tomé alguna cuestión y la empecé a desarmar como un caja de zapatos y armarlas de tal forma que las caras que antes eran de adentro ahora se vean de afuera.

Y lo pienso, y me dan ganas de llorar.

Hay que aprender a verse por dentro.

Uno casualidades, con grafos chiquitos y prolijitos para que no se me escapen..

Y son causalidades. Causas que en una línea de tiempo que atraviesa largo y tendido por mi propio interior, un par de dimensiones más (que otro día te cuento) hasta llegar al interior de este enorme mundo.


ceci